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Condesa DF. Un espacio para comenzar un buen día

Despertar juntos como si fueran siameses, voltear hacia la ventana y saber que aquellos árboles verdes y llenos de vida están en una de las colonias más antiguas de la Ciudad de México. La ventana da a la calle de Guadalajara en pleno corazón de la Colonia Condesa.

Texto y fotos por Humberto Ballesteros @elbetob

Esta colonia, La Condesa, fue parte de la antigua hacienda de Santa María del Arenal y fue adquirida en 1704 por la familia de la Condesa de Miravalle, el nombre se toma del título de Doña María Magdalena Catarina Dávalos de Bracamonte y Orozco. Ahí en esa zona, donde habitaron grandes personajes de México como Tina Mondotti, Dolores del Río, Agustín Lara y muchos más, se ubica este espacio de bella arquitectura llamado Condesa DF, un agradable hotel con un buen espacio para comer.

♦︎ Desayunos nutritivos para adelgazar

Contar durante la noche la cantidad de copas que chocan en su amplía terraza solo es comparable con la cantidad de estrellas que puedes ver en un cielo despejado durante el mes de septiembre. La vida es intensa en la Condesa y vive con gratos aires en la calle de Veracruz esquina con Guadalajara.  

Desayunar bañados bajo la luz clara del espacio blanco donde César Castañeda, el chef del Condesa DF, suele apasionarse desde temprana hora, es parte de esta magia que bien puede dividirse en varios capítulos llenos de arquitectura, diseño honesto, servicio amable, pero sobre todo, de buena comida.

No hay capitalino de vida nocturna y mañanas frescas que no haya pasado por alguno de sus dos espacios, donde el comer y el beber hacen del lugar un restaurante con hotel lleno de historias que abonaron el fruto de otros patios donde se cocina de forma especial. Aquí fue donde Jorge Vallejo, chef de Quintonil, en sus inicios profesionales diseñó platos y cocinó con pasión; también pasó por ahí un joven Roberto Alcocer, chef de Malva, el querido Lalo, líder de Máximo Bistro, y el apasionado Juan Cabrera , cada uno con su esencia, cada uno con su propia insistencia.

Aún en los pasillos y en la cocina se pueden ver las especies vertidas por Enrique Olvera durante los primeros días del Condesa DF, el chef de Pujol ha dejado huella también en este lugar.

Hoy es turno de César Castañeda, el siempre jovial o, mejor dicho, el joven con la mirada de infante, que busca verse mayor con el efecto de la barba bien cuidada. Él se ha tomado muy enserio el diseño de la carta y busca en el producto de estación su más amplio espacio para ofrecer de forma natural platos que suelen ser de nombres genéricos pero de sabor especial.

El chef vive con intensidad su espacio bien ganado, se levanta de manera disciplinada muy de mañana y llega con grato entusiasmo a la calle de Veracruz  102, donde comienza su jornada de cocina entregando desde el desayuno platos y servicio amable a quien le gusta iniciar el día con esa energía y vitalidad puesta en plato, por parte de un chef joven que forma parte de esa generación cuya edad y esfuerzo aún es cuestionada por los viejos lobos de la cocina.

Un primer plato en este desayuno es la fruta fresca que tiene su origen en su proveedor de confianza; por lo general, los pedidos llegan con frecuencia y le da la oportunidad de seleccionar la fruta una a una. En esta ocasión, la papaya sabe dulce y la textura es la correcta. Suena simple esto, sin embargo, en muchos lugares y más en los hoteles de Santa Fe, suelen servir fruta congelada y sin sabor.

En lo sencillo del acto y del cuidado para seleccionar el producto está la grandeza del plato.El café, traído desde tierras honestas, muestra un equilibrio tan franco que no requiere endulzarse para distraer sabores. Viene desde Oaxaca, según me comenta un amable y joven mesero. Un pan elaborado en casa acompaña de base un huevo pochado con la cocción tan perfecta que lo sencillo ante los ojos estalla en el paladar; viene con aguacate, tomatillos amarillos y rojos que le dan toque exquisito de acidez. El plato recibe un sencillo nombre: pan tostado con aguacate. 

Observo la mesa del a lado y veo un plato lleno de energía que dos comensales con ropa deportiva comen bajo ese silencio cómplice que deja hablar a la sazón del joven chef. Son los chilaquiles verdes con pollo. Reafirmo, los nombres genéricos no tienen nada qué ver con el grato sabor de la cocina. 

El desayuno, al que muchos le hacen gestos ordinarios en nuestra agitada vida cotidiana, se vuelve en el Condesa DF un momento importante para comenzar el día. De alguna manera, este espacio y esta cocina llevan siempre a decir: “¡Buenos Días!” ¡Aquí sí se sabe comenzar el día!

Despertar con los dedos entrelazados y comenzar de nuevo en este espacio lo que es la vida, es parte del menú que nos entrega la cocina de Cesar Castañeda. Bendito desayuno tan cotidiano y en ocasiones ligeramente olvidado de su aportación a nuestras mañanas de vida.