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Chihuahua, la región del puro encanto

24 horas por carretera (o más) suenan difíciles, lo mismo que tomar un vuelo a este sitio del norti (como dirían por allá). Pero lo único cierto es que esta tierra, la misma de Juan Gabriel, tiene muchas sorpresas gastronómicas y culturales que te dejarán marcado el corazón y te causarán muchas ganas de volver pronto. Aquí un recuento exprés que te hará reservar El Chepe en tus próximas vacaciones.

Texto Fernanda Balmaceda @fer_balmaceda // Fotos Beto R. Lanz @BetoLanz

México es un país lleno de aristas. Como las personas, las amas o las odias

En mi caso, la aventura vino marcada del recuerdo de mis padres. Mi papá nació allá por azares del destino. Mi mamá y yo, en burla, siempre le dijimos que era más chihuahueño (por su tamaño), que chihuahuense. Y él, aun así siempre ha portado este estado como su región natal, con orgullo. Así, tuve la posibilidad de conocerlo, con historias felices de las Barrancas del Cobre como símbolo de amor, pues allí fue donde tuvieron su luna de miel. Fue una oportunidad que le agradezco a la vida y también a #ExperienciasPorMéxico, iniciativa presidida por Claudio Poblete, que da a probar lo mejor de la culinaria nacional.

A gorro por Ciudad Juárez

El recorrido exprés empieza en este sitio. Si pasas por esta comunidad fronteriza, vale la pena cargar pila en Parador Tomochi, donde el machacado con huevo, las bolitas de tortilla de harina, las gorditas de asado de novia y las torrejas (pan bolillo doradito, bañado en mantequilla y piloncillo, coronado con nuez) son las estrellas de la casa. Si vas a quedarte un día, puedes tener un tour lleno de curiosidades como visitar la casa original de Juanga; el local El Centenario de Juan Méndez, hacedores del burrito más grande del mundo; o el Kentucky Club & Grill (fundado en ), donde afirman ser los inventores de las Margaritas. Para cenar, hay que visitar Flor de Nogal, restaurante está ubicado dentro de una hacienda, donde crecen sus propios animales y hortalizas en una granja con especies como venados, conejos y gallinas. Empezaron con cenas bajo las estrellas y hace menos de un año vieron la posibilidad de crear un espacio con mucha atención al producto, inmerso en la naturaleza. Sus imperdibles son el tiradito de atún con chiltepín y la costilla de res en cocción lenta con chile mije y espuma de coliflor.

¡Aguzados con sus burritos!

Sobre la carretera Panamericana está el oasis de los burritos: Villa Ahumada. Sin duda, vale la pena darte el road trip (a 150 kilómetros de Cd. Juárez) sólo para probarlos. Se trata de la Unión de Vendedores de Benito Juárez, quienes están al frente de 27 carritos (14 de burritos y 13 de quesadillas) instalados desde los años cincuenta en la zona. Con un servicio de 24 horas, divididas en tres turnos, podrás agasajarte por menos de cincuenta pesos (cada burrito cuesta sólo quince pesitos y si lo pides con queso asadero de la región, 25). Los hay de res con papas y chile (rojo o verde), de frijol, de chicharrón de pella con chile verde, de chile chilaca relleno y, en ocasiones especiales, de chile pasado. Cada locatario tiene por lo menos treinta años al servicio de los amantes de los burritos y te aseguro que en ningún lugar probarás uno similar.

Tierra de vinos

Para los wine lovers también se está consolidando una joven e interesante oferta enológica. Casas productoras como Casa Chávez, Casa Boutique Reyes Mota, Cava Baltierra o Vínicola Encinillas son algunos de los títulos que están haciendo ruido en cuanto a vino norteño se refiere. En septiembre del año pasado, realizaron la primera vendimia de la región, en conjunto con la Asociación Chihuahua Tierra de Vinos, que agrupa seis bodegas y preside Armando Reyes, para dar a conocer estos caldos amigables, aromáticos y con una alta concentración alcohólica.

Una parada recomendable para pasarte el burrito es Vinícola Encinillas. El lugar, rodeado de nogales, montañas y encinos, te hará sentir que estás en un safari de la vid. Sus viñedos son de Cabernet Sauvignon, Merlot, Shiraz, Cabernet Franc, Petit Verdot, Tempranillo, Malbec y Chardonnay, que producen más de 150 mil botellas al año de sus seis etiquetas, todas con una guarda de meses de barrica.

El Chepe y la magia tarahumara

Kahled Hosseini afirmaba que “Una historia es como un tren en movimiento: no importa dónde lo abordes, tarde o temprano llegarás a tu destino”. En mi caso tuve que esperar 28 años para llegar a él y redescubrirme a bordo del Chepe, Chihuahua al Pacífico, en el seno mismo de la majestuosa Tierra Tarahumara. Aunque tomamos la ruta corta, hasta Divisadero, un solo viaje bastó para enseñarnos la caducidad de las cosas, a compartir historias entre las montañas y tazas humeantes de café, así como el asombro de atravesar las entrañas de la tierra.

La ruta completa va de la capital a Los Mochis, en una ruta de 14 horas que puedes hacer en etapas, pues con tu boleto tienes derecho a bajar en tres de sus estaciones turísticas.

Nuestro destino fue el Parque de Aventuras “Barrancas del Cobre”, donde dejamos atrás nuestros miedos y nos lanzamos cinco kilómetros en la tirolesa más grande de Latinoamérica. Sobrevolar la Tierra Tarahumara es una experiencia digna de aventureros que hay que hacer al menos una vez en la vida, pues como diría Edmund Hillary, el primer montañista que llegó a la cima del Everest: “No conquistamos a las montañas, sino a nosotros mismos”.

Otras paradas obligadas para bajar la adrenalina son con las comunidades Rarámuris (el Valle de los Hongos es espectacular), el Lago Arare o, a cinco Kilométros de Creel, y el restaurante La Estufa, dentro del Hotel Cascada Inn, donde el joven chef mexicano Julián Rodríguez se encarga de mostrar con orgullo su patrimonio chihuahuense en platillos sencillos y llenos de sabor. Su lengua y su discada son memorables, pero su rollito de masa de maíz azul relleno de quelites de agua, queso menonita y salsa de chile pasado serán una culminación épica de tu propia historia.

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Amor menonita

En Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua, está la comunidad menonita más importante de todo el país: hay 30 mil, de los 50 que habitan en todo el estado y los 90 mil que hay en todo el país, distribuidos en otros siete estados. Esta comunidad, de origen alemán y holandés, llegó a México en 1921, y en 1922 se asentó en esta localidad para hacerla su nueva patria.

Visitar su Museo Menonita, ubicado en una casa, es una experiencia enriquecedora, pues te permite conocer el origen y el arraigo que ha tenido esta comunidad por sus tradiciones y costumbres. Éste es la réplica exacta de un hogar menonita. Podrás explorar y ver los esquemas sociales bajo los cuales rigen su vida, como el orden en el que se acomodan en el comedor familiar, el estante de regalos de pretendientes que tienen las mujeres o esos particulares muebles con más de 140 años de antigüedad.

En Cuauhtémoc, el 80 por ciento de los menonitas son conservadores y sólo el 20 son liberales. Los primeros portan su indumentaria tradicional, no fuman, no toman, no utilizan electricidad (para cualquier actividad personal), ni coches con motor y se dedican únicamente a la agricultura y la ganadería. Los liberales, en cambio, ya pueden casarse con mestizos si éstos aceptan su religión, acuden al médico y se forman profesionalmente en academias. 

Entender la complejidad menonita y la historia que cobija a una cultura que a pesar de su hermetismo ha consolidado una importante industria conformada por restaurantes, hoteles y fábricas de diferentes rubros es una experiencia que no imaginarías vivir en el territorio nacional. Lo mejor es culminarla con una trenza, pan duro que comen con mantequilla, y unas ricas empanadas de requesón hechas por las mujeres de esta comunidad. 

DATOS:

www.flordenogal.com

www.vinosencinillas.com

www.chepe.com.mx

www.museomenonita.com

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