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Activismo en la comida

Comer es un hecho biológico en todos los seres vivos, por eso somos lo que comemos. La mejor manera de hacer activismo culinario consiste en alimentarse del producto local bien cuidado y bien aprovechado.

Texto: Ulises Chávez @papaztac

Existen kilómetros de tinta en textos que sugirieren que la agricultura no fue ecológicamente posible sino hasta hace poco más de ocho mil años, y que lo que hizo relativamente nueva la economía sedentaria fue esta base agrícola. Hace diez mil años, la caza y la recolección eran los únicos medios para obtener recursos alimentarios. Por favor, tomen en cuenta que todos los rituales, desde los más antiguos en el mundo hasta los más modernos y radicales en el presente, exigen la ingesta de comida y de bebida, por ello han estado siempre vinculados con la magia y lo sagrado. Mesoamérica —tierra de muchos colores, gente bonita y flores— le debe su cultura primero al desarrollo agroecológico de la milpa, y luego a su compleja economía comercial y militar. Los datos correlacionados entre distintos sitios arqueológicos de Oaxaca, Tamaulipas, Chiapas y Yucatán ubican a la milpa entre 3 500 y 5 000 años a.C., cuando se registró la presencia de la triada mesoamericana: maíz, frijol y calabaza (además del chile y el tomatillo como complemento). La milpa ha trascendido al descubrimiento de América, la independencia o la revolución; y no es sino hasta el siglo xx, con la puesta en marcha de los organismos genéticamente modificados, que su continuidad ecológico-cultural se ha puesto en peligro. Ya lo decía Guillermo Bonfil Batalla: “El maíz es una planta humana, cultural en el sentido más profundo del término, porque no existe sin la intervención inteligente y oportuna de la mano; no es capaz de reproducirse por sí misma más que domesticada. La planta de maíz fue creada por el trabajo humano”.

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Es necesario plantear nuestra alimentación como local y propia. En realidad, si la gente no desea incluirla en su estilo de vida, es porque tiene otro que consume su atención, su tiempo y su dinero. Hay que dejar claro que es posible, sencillo, y. sobre todo económico, el estructurar nuestros hábitos en torno a prácticas autosostenidas que incidan en nuestro beneficio. Hace 23 años, con la entrada en vigor del tlc, el agro mexicano fue sentenciado a la marginación económica. Ahora el cínico sociópata Trump dice que en su país padecen por tan malos tratos con los mexicanos. La realidad es otra: se perdieron millones de toneladas en producción agrícola que nos daban una soberanía alimenticia, se perdieron millones de manos campesinas que corrieron al país vecino para convertirse en mano de obra fácil para sus propios intereses agrícolas, y se abandonó por décadas la fértil tierra que ocupa buena parte de nuestra Nación. 

Hoy, tras el abuso horrendo que ladra el amo del norte, los mexicanos con memoria podemos apreciar que nada de esto ha sido benéfico para nosotros. Tenemos una gran extensión de tierra ahora árida, así como millones de personas sin patrimonio, sin trabajo y sin identidad (por su calidad de migrantes). Recordemos que al cultivar la milpa el hombre también se autocultivó. Las grandes civilizaciones del pasado y la vida de millones de mexicanos de hoy ha tenido como raíz y fundamento al generoso maíz, un eje fundamental para la creatividad de cientos de generaciones. Su desarrollo exigió el perfeccionamiento continuo de técnicas para sembrarlo, llevó a la creación de una cosmovisión que considera al maíz como una planta sagrada, implicó un arte culinario de sorprendente riqueza que marca el sentido del tiempo y del espacio en función de sus propios ritmos y requerimientos. Es el referente para entender diversas formas de organización social de México