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Betty Vázquez. La enamorada de San Blas

Ella no tiene prisa, sabe que los mejores guisos vienen de la mano de la experiencia. Vive dentro de Garza Canela, el hotel familiar. Se despierta escuchando el sonido de las olas del mar y trata de ir al menos tres veces a la semana a la playa para recobrar energía, tomar inspiración y trabajar creativamente desde su cocina en El Delfín, el restaurante dentro del hotel.

Feliz cumpleaños en París

Sin haberlo planeado, Betty cumplió 25 años estando en la Ciudad de la Luz, después de cinco años de haberse encargado de la cocina del hotel familiar. Esa sed por saber más la llevó al Viejo Mundo a conocer sobre técnicas francesas, aquéllas que en su momento eran las más vanguardistas en el oficio. “A los 20 años, estaba capacitada para llevar una cocina, y a la vez incapacitada porque tenía conocimientos limitados. Lo que sabía era gracias a los libros que me traía del Distrito Federal y muchos de ellos los traducía con los diccionarios. Era una época en donde no había internet”. 

Texto Raquel del Castillo @Raquel_Pastel Foto Beto Lanz @BetoLanz

Viajes de aprendizaje

Antes de conocer su destino como cocinera, tuvo la suerte de viajar mucho con su familia y con ello, coleccionar en su álbum sensorial detalles que luego trasladó a sus recetas. “Recuerdo que en un viaje a San Cristóbal de las Casas, un tío me llevó a una panadería. Al entrar me di cuenta de que olía delicioso a masa recién horneada. Él me dijo que me podría llevar a casa todo el pan que me cupiera en una lata de latón para manteca de 20 litros. Yo elegí los panes y él los acomodó en su interior”. Tal vez esta anécdota y muchas otras fueron trazando para Betty un mapa de sabores en su historia de vida. También en su memoria está inscrito el arroz con camarón bebé de Tabasco y un pescado “de los mejores que ha comido”, dijo, en Cancún, cerca de 1972, cuando apenas se estaba trazando el aeropuerto de la localidad.

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Paseos con sabor

Al estar en una zona rica en cultura ancestral y debido a la inquietud de saber sobre las prácticas gastronómicas de la región, hizo un viaje —hace más de 20 años— a la sierra acompañando a Patricia Quintana (organizadora de la Ruta de Aromas y Sabores). El comienzo del recorrido y la recolecta de recetas fue difícil, porque la comunidad al principio era desconfiada y no le abría la puerta de su casa a cualquiera. “Con pláticas, sonrisas y caminatas nos fuimos ganando su confianza y entendimos un poco de su visión del mundo”, relató Betty, “ellos poseen un sentido de responsabilidad muy grande y un profundo respeto por los seres vivos, a tal grado que cuando matan un animal, le piden perdón al momento del sacrificio; son seres de paciencia y para recolectar quelites pueden pasar horas caminando hasta conseguirlos. Estar con ellos es algo místico: la convivencia y su vida”.

Un poquito de San Blas en su maleta

Como embajadora de la cocina nayarita —y mexicana—, lo que no falta en su lista de travesía es camarón seco, tostadas raspadas, salsa huichol y cocadas, el dulce tradicional de la zona. También empaca recuerdos para que no le gane la nostalgia por su querido San Blas, porque lo que más añora cuando está lejos es el olor a mar, los amaneceres, ver por la ventana el mar, los ritmos, su casa, la rutina, su equipo de trabajo y su familia

Darle la vuelta al mundo (y a México)

En sus planes está recorrer Oriente, saborear un pad thai, en Tailandia; un phoa, en Vietnam; y un chop suey, en China. Quiere tener un año para viajar por México manejando con libreta en mano para anotar todo lo que vea a su paso. “Es un regalo de vida que me quiero dar. Me gustaría que la gente me abriera su casa y me enseñara sus recetas”.